Desandar
Desandar tu mirada hasta dar con tu alma,
saberme huerto de tu espiga,
destino de tu deriva,
pulsar el botón de tu guarida
hasta volverme el agua que te transpira.
Dulce diosa que anidas al mundo en tu sonrisa,
cuando abanicas mis revoluciones con audaz pericia
todas mis murallas caen por la cornisa.
Diosa despierta y revivida,
cada beso tuyo es un milagro
en el desarraigo,
una lumbre en mi calendario.
Mis nimiedades sucumben
ante tus alas,
se diluye la bruma
y la noche oscura se vuelve estrellada.
Parto hacia ti,
Diosa encarnada,
me hago de tus pétalos cantores,
me verso de tu piel,
me elevo hasta tus flores.
Autor: Marcelo Schnock

